miércoles, 21 de mayo de 2014

Castillos en Marte (Novela por entregas)




Despedida

El paisaje aquí es totalmente nuevo para mis ojos. No hay en toda la extensión de terreno un sólo árbol. Pareciese como si la vida vegetal hubiese sido aniquilada de un plumazo. No hay tampoco arroyos ni regatos. Yuok y yo nos miramos, sorprendidos. ¿A dónde dirigiremos nuestros pasos? Cuando mayor es nuestra desesperanza, aparece un caminito orlado de pequeñas rocas. El caminito es tan estrecho que no podremos recorrerlo juntos a pie, y habremos de sobrevolarlo, pero mi yuok está cansado, muy cansado; palpitan los corazones de sus alas cual si fusen a estallar en mil pedazos y sé, siento, que sólo podrá acompañarme con la fuerza de sus enormes patas arrastrándose por el polvo rojizo del sediento sendero.
-Julia Martina...-comienza.
-Sí, mi fiel amigo.
-Mira al horizonte.
Más allá de todo lo visible, el sendero se bifurca y se estrecha hasta lo indecible.
-¡No!
-Sí, Julia Martina. Aquí habremos de separarnos.
-¿Tú? ¿A dónde irás?
-He de morir en este mismo instante, Julia Martina. Si no, no podrás proseguir. Te quedarías aquí celante, vigilando que no me faltase nada, queriéndome como sólo quieren las valientes niñas de Marte a sus fieles dragones pájaro. Y tú tienes un destino.
-¡Pero yo quiero quedarme junto a ti! ¡Mi destino eres tú!
-Recuerda una cosa: todo está escrito, y nada lo está. Eres lo que desees ser. Llegarás a la montaña gris por tus propios medios. Y más tarde encontrarás el medio de regresar a casa.
-Entonces, ¿te quedarás aquí, a merced de las bestias, sólo por el amor que me profesas?
-Tranquila. Encontraré la manera de regresar a la cabaña del brujo azul. Allí volveré a transformarme en semilla de amor inmortal, hasta que...
-Hasta que otra aventurera decida salir de su castillo y se tropiece con el viejo hechicero- tercio yo.
-Así es. Te quiero, Julia Martina. Recuérdalo siempre. Que el amor que nos profesamos te guíe en la elección del sendero correcto. Estás llegando al final. Siéntente orgullosa, muy orgullosa de tu logro. Pocos consiguen llegar hasta aquí, con o sin un yuok. La montaña gris se encuentra del otro lado de aquellas colinas. ¿Puedes sentir la energía que desprende? Los secuaces de Papá te esperan desde el principio de los tiempos. Guerrera de corazón valiente, has aprendido lo que necesitas para enfrentarte a ellos y vencerlos de una vez por todas.
Una lágrima corre por la mejilla de Yuok. Con el extremo de sus alas toma mi mentón y lo acaricia. Luego, se desvanece lentamente en el aire, convertido otra vez en la diminuta presencia que hallara en la cabaña del mago. Una racha de fuerte viento marciano lo eleva sobre mi cabeza y lo lleva tan lejos que ni mis pensamientos pueden acompañarlo.
Me quedo sola una vez más. Quedo contemplando el sendero, imaginando la mejor solución posible al dilema que ante mí se presenta. Inopinadamente, una voz en el viento me susurra: “toma el camino de la izquierda. Y sigue hacia abajo, no te detengas”. Yo, que hace tanto tiempo dejé de creer en dioses personales, me asusto muchísimo. Esa voz es firme y se dirige hacia mí en términos taxativos. Es una orden suprema, y no tengo más remedio que obedecerla.
Miró hacia atrás. No queda ni rastro de mi dragón pájaro, pero ahora no me siento tan desamparada. He recordado que tengo un cometido, y una meta: la montaña gris, cada vez más cerca, cada vez más cerca…todo el cuerpo me duele y mi garganta gime, quejándose del esfuerzo realizado, pero yo voy a llegar. Lo sé. No sé cómo lo haré, pero llegaré. Mientras tenga fuerzas, y camino, caminaré.

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